Recuento de una experiencia con la bomba en Bogotá del 12 de agosto

Publicado en por Acsa

“Ahora es cuando me doy cuenta que pudimos haber muerto”

 

Por Angélica Obando Solano

http://angelicaobando.blogspot.com/

Fotos: Paulo Nelson Matamoros36808_418816278866_614693866_4880651_568016_n.jpg

 

El viernes 20 de agosto, mientras chateaba con un amigo a través del Messenger, empecé a ser testigo virtual de su experiencia personal frente a lo que vivió desde las 5:25 de la mañana del pasado jueves 12 de agosto, cuando al norte de Bogotá explotó un carro bomba frente al edificio de dónde él vive y que al pasar la calle se encuentra la sede de la Cadena Caracol Radio y la Agencia EFE.

 

Me mostró a través de su cuenta de Facebook las más de 100 fotos que logró tomar del hecho que lo despertó a esa hora de la madrugada y por su Web Cam las ya reconstruidas ventanas y un panorama exterior que dejaba ver como aún en otros apartamentos vecinos siguen con ventanas de papel plástico.

 

Se trata de un amigo periodista, pero no de uno de los que a esa hora estaba laborando ya en la radio o en la agencia  internacional de noticias, sino de un ciudadano que aún no empezaba su jornada y que dormía tranquilo en su apartamento en el piso 14 del edificio Panorama,  que justo se encuentra en la misma calle donde explotó la bomba.

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Paulo Nelson Matamoros Sabogal y sus padres, ocupan uno de los más de mil apartamentos afectados por la detonación que acabó con la tranquilidad del país, afortunadamente el suyo está ubicado al reverso y aún así la bomba destruyó varios ventanales.

 

El carro bomba  detonó, como al estilo de los viejos tiempos de Pablo, a las 5:25 a.m. mientras los padres de Paulo se tomaban el primer tinto (café negro) de la mañana en su alcoba, el cual quedó regado en las sábanas, luego que por suerte o bendición de Dios habían salido de la cocina, en la que los vidrios de la ventana “salieron disparados”.

 

Paulo dormía y el estruendo lo despertó…

 

angie dice:

y ¿qué pensaste que era?

Paulo dice:

Pues al principio un terremoto, pero cuando no paraban de sonar los vidrios si imaginé un bomba y empezó a oler a quemado.

 

Sigue narrando que un amigo de él que está en el piso 25 que da hacia la carrera séptima lo primero que hizo fue mirar por la ventana y observó como el humo llegó donde estaba él

 

Paulo dice:

Mis papas se asustaron, ellos ya estaban despiertos.

Se les regó el tinto.

 

El padre de 70 años y la madre de 65  pensaron que podría haber sido varios tipos de catástrofes: un choque de un avión contra el cerro, tal vez un incendio o un terremoto, pero lo que menos se les pasó por la mente es que fuera una bomba.

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La vocación periodística de Paulo Nelson Matamoros lo empujó a tomar su cámara profesional para registrar los hechos de una noticia en que él y su familia también eran protagonistas y víctimas, pero que en ese momento aún no tenían claro qué era. Las horas subsiguientes se le pasaron tan rápido. Pudo capturar los efectos de unos segundos que cambiaron un día normal en la carrera séptima.

 

“Entonces nos vestimos, y cuando esperamos el ascensor las vecinas estaban temblorosas. Bueno es que a ellas sí se les cayeron las ventanas y algunas puertas”, dice Paulo.

 

El estruendo fue tan  grande que Paulo dice “se movió el edificio”. Cuando bajaron el ascensor con las vecinas, lo que vieron les decía que era otra clase de desastre el ocurrido. Todas las alarmas de los carros chirriaban, había vidrios y las expresiones de todos eran palabras como “terrible”. Todo era caos.

 

Paulo dice:

Se cogían la cara,  y abajo en el hall y la portería era difícil caminar, era un mar de vidrios o uno se podía caer o los vidrios podrían atravesar la suela de los zapatos. Estaban atendiendo a un portero. No había puerta de entrada del edificio

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¿El portero del edificio resultó herido?

Paulo dice:

Sip. Estaba al frente de donde estalló el carro. La portería quedó destruida

angie dice:

Y ¿qué heridas tuvo?

Paulo dice:

Nunca supe. Se especuló mucho. Que no fue grave, eso me dijo el otro portero. Pero los vecinos decían que estaba grave. Ni idea.

 

Como el portero del edificio Panorama, donde reside Paulo, otras 5 personas más resultaron heridas por la explosión del auto marca Chevrolet Swift de color gris con matrícula falsificada VOO 483, cargado con 50 kilos de Anfo, un explosivo con una mezcla de nitrato de amonio y combustibles derivados del petróleo.

 

Este hecho violento conmocionó a la capital y a toda Colombia, alertando a muchos y haciéndole  revivir a otros los estragos del terrorismo indiscriminado de los 80s. Mientras Paulo capturaba con su cámara los momentos trágicos, en Barranquilla, donde resido, cuando disfrutaba la visita de familiares del extranjero, una frase de Alicia, la esposa de mi primo Freddy, quien había llegado con él y otro grupo grande al cumpleaños de mi abuela, procedentes de Nueva York, me hizo reflexionar de los estragos más allá del hecho mismo, sino de cómo en ella, ecuatoriana de nacimiento, con más de 10 años de no pisar Latinoamérica, se reflejaba lo que todo extranjero en nuestro país pudo sentir: las ganas de huí de aquí.

 

“Quise irme hoy mismo de Colombia. ¿Volverá a suceder Angélica? Me da miedo pasar por el aeropuerto en Bogotá”. No supe qué responder por unos segundos; con una broma le hice olvidar por un momento ese hecho que ennegrecía las plácidas vacaciones en este país y le dije que había mucha seguridad en aeropuerto El Dorado y que no debía temer.39672_418872538866_614693866_4881870_7160212_n.jpg

 

En nuestro chat con Paulo, ahora ya de manera reposada, abre la Web Cam y puedo ver cómo los vidrios de las ventanas del dormitorio de los padres y la cocina han sido reemplazados por unos nuevos que aún tienen unas marcas con marcador. Me muestra a través de la ventana los otros edificios y aún algunas ventanas cuentan con los grandes plásticos que les donó la Defensa Civil para resguardarse del frío.

 

Cuando el mundo se enfocaba en el atentando al edificio de la Cadena Radial Caracol, muchas otras historias se contaban por si solas. Subió a descargar las primeras instantáneas, algunas las colocó en el Facebook otras las envío por Internet a colegas de medios, por lo cual varias de ellas fueron publicadas en el Diario El Espectador.

 

Nuestro protagonista narra que caían vidrios de los altos edificios. Por eso al bajar a su segunda ronda de toma de fotos casi no le dejaban circular.

 

“Cuando volví a bajar al rato llegó Santos, el Alcalde,  en fin. El caso es que miré el reloj y ya eran las 8 y yo pensé que sólo había transcurrido media hora”, agrega.

 

Paulo tomó las fotos del primer hecho terrorista ocurrido en el gobierno de Juan Manuel Santos, quien sólo se había posesionado como presidente cinco días atrás.

 

Prosigue señalando que hubo un momento que no permitieron que salieran del edificio. “Estábamos encerrados”, todo mientras las autoridades hacían los censos y en la tarde llegó el ejercicio de tumbar los vidrios rotos. “Ya casi en la noche vino la Defensa Civil, nos dieron plásticos para cubrir las ventanas. Le ayudé a mi papá. Terminé como a las 7 y luego me fui a la plazoleta de caracol, luego al platón y tome fotos”.

 

“Al día siguiente en la mañana llevé los papeles del apartamento al puesto de Acción Social, vinieron los de la aseguradora, en la tarde nos pagaron dos salarios mínimos de Acción Social y la aseguradora nos pagó lo de los vidrios”, relata.

 

“No estuvo mal, pero hubo apartamentos que se afectaron mucho y ese dinero no alcanza, los seguros no cubren todo, por ejemplo se les dañaron los electrodomésticos, los LCD's, neveras, muebles, muchos carros se afectaron, los que estaban en los parqueaderos descubiertos les cayeron los vidrios rotos de los apartamentos. La verdad yo no me di cuenta de muchas cosas por estar tomando fotos pero si hubo vecinos que tuvieron que atenderlos, tenían crisis nerviosas, a otro le suturaron porque le cayó una puerta en la cabeza, esto fue a un señor Jauregui, él salio en la lista de heridos de los medios. Es que acá en la copropiedad hay dos edificios: la torre que es donde vivo que tiene 27 pisos  y la plataforma que es la que da directamente a la avenida que tiene 5 pisos y donde están los locales comerciales. Ese señor vive en el 4 piso de esa plataforma creo, entonces estaba al frente, es decir, el carro estaba al otro lado de la avenida, pero igual al frente”, dice.

 

Le pregunto que sí la gente del edificio está tranquila, a lo que me responde que lo que nota es que si. “Ahora es que estamos entendiendo la magnitud de lo que pasó”.

 

angie dice:

¿Porqué dices que ahora si lo están entendiendo?

Paulo dice:

En ese momento pensábamos en lo urgente. En aceptar las cosas.

Y ahora nos damos cuenta que de verdad hubiéramos podido morir

Imagínate que un minuto antes pasó un carro tanque de los que surten a las estaciones de gasolina.

angie dice:

¿Quien vio ese carro tanque?

Paulo dice:

Sí hubiera pasado cuando explotó la bomba nos vuela a todos. El carro tanque quedó registrado en las cámaras de seguridad de los edificios.

 

Tal vez Dios, suerte o quién sabe qué hizo detonar esa bomba después del carro tanque con gasolina del que habla Paulo. No obstante, para él como para todos hay daños causados por una bomba que cambió la vida de un sector de Bogotá.

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