Paz con justicia social, piden los pobres de la Región Caribe

Publicado en por Acsa

Mi encuentro con la realidad de las víctimas

 

Por Angélica Obando Solano

Comunicadora Social – Periodista

 

Barranquilla, 10 de noviembre de 2010 –

 

El fin de semana, 6 y 7 de noviembre se llevó a cabo en Barranquilla un encuentro de tipo regional de organizaciones sociales, entre las que habían de mujeres, desplazados por la violencia, empresas comunitarias, asociaciones por la cultura, jóvenes, veedores ciudadanos, comunidades cristianas de diferentes credos, campesinos y una periodista (yo), en el que saltó a relucir la realidad de pobreza, falta de oportunidades, pésima calidad de salud, educación y casos de corrupción, frutos de un análisis de la realidad que a todos atropella.

 

Una especia de pesimismo logró sentirse, entre este grupo diverso de personas del pueblo Caribe. Campesinos que con su sabiduría natural, aunque suene retórico, pero así es, hicieron una exposición de una Colombia olvidada: la de los pobres.

 

El reclamo de los presentes a la única periodista, por la falta de visibilidad de ellos y sus quejas en los medios de comunicación no se hizo esperar.

 

Fui invitada como presidenta de la Asociación de Comunicadores Sociales del Atlántico, y como tal participé, en un encuentro convocado por la Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia – Comosoc

 

Conocer la realidad de corregimientos y municipios tan lejanos , como sentir la nostalgia de varios de ellos desplazados por la violencia que deja este conflicto armado es una experiencia inolvidable que llama a la conciencia al periodismo, para mirar más a las víctimas, para investigar y hacer reportajes de profundidad, que ayuden al pueblo colombiano en medio de la guerra a tener esperanzas aún.

 

Dentro de las exposiciones recuerdo una, la de un señor alto, algo fornido, la mirada cansada, voz que sabe a pueblo y conocimiento, quien reside en el Municipio de Soledad (Atlántico), en la costa norte de Colombia, quien relató cómo tuvo que dejar su tierra de varias hectáreas, de un día a otro, recordando a un compadre que por no creer en las amenazas al día siguiente murió en manos de los Paras.

 

Decía cómo llegó a la urbe a formar parte de los cordones de miseria, y cómo luego también fue perseguido hasta estas tierras y de las que también le tocó huir a otra parte de la región y refugiarse por allá durante dos años.

 

Su liderazgo en la Asociación Nacional de Desplazados le mereció las amenazas de su vida. Ahí de pie frente al salón del colegio que acogió el encuentro con su alma serena en contraste con su altura y porte fornido, daban cuenta de una de las entre más de un millón de historias de los desplazados colombianos, quienes hoy ven como sus antiguas tierras son ahora parte de megaproyectos industriales como el cultivo de la palma africana.

 

Es así que de una manera natural, los colombianos allí olvidados por muchos hicieron uno de los mejores análisis que he podido observar en mi vida, detectaron la consecuente guerra en Colombia, cómo lo que a su parecer es alimentada por el Estado, la “casualidad” del desplazamiento forzado y sistemático con la implantación de megaproyectos que están acabando con los cultivos de alimentos y dejando sin trabajo a los campesinos, la introducción de las multinacionales en dichos proyectos, la corrupción política, acompañado todo ello de una latente reforma a la salud, peor que la de los Decretos de Emergencia Social, acompañada de una pésima prestación del servicio, una victimización de las víctimas,  la falta de inversión en el empleo pero sí en programas sociales que hacen personas dependientes de las “ayudas” gubernamentales, la casi nula participación ciudadana, el miedo, el estado de la educación, inversión en infraestructura vial, en fin… situaciones en algunos lugares peores que en otras.

 

Entonces, levanta la voz un joven y con tono desconfiado, dice públicamente, lo lógico,  que no logra confiar, harto de las promesas de los políticos o gobernantes. Es el mismo joven que al finalizar la jornada del segundo día se apuntó a ser parte de una nueva generación de esperanzados.

 

Paz CON justicia social fue la propuesta acogida por todos, en el marco de la unidad que no se logra con discursos sino con trabajo. Pero ante tanta problemática y tantas necesidades, los allí presentes se comprometieron a trabajar por la defensa de un nuevo salud que dignifique a los colombianos y que no nos trate como mercancía/usuario y/o clientes sino como pacientes con derechos. Así que por iniciativa popular miles de colombianos que sólo tienen por arma sus derechos y su libertad de asociación pedirán por la dignificación de la Salud.

 

Excelente encuentro en el que los periodistas podemos aprender a mirar la realidad de las víctimas de una forma más humana, sin los afanes de sólo la noticia de cuántos muertos fueron, sino en las historias de esperanza que se tejen con base en la unión de los pueblos.

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